Pasaba el rato recordando lo que era vivir en México, lo que hacía, en qué empleaba el tiempo, esas tardes con mi abuelita, los tacos de la chispa (uuuh que rico) y las súper retas de fucho en las bombas... uff que buenos recuerdos; hasta que llegué a la secu, lugar donde pasé cerca de 7 años pues en esa misma escuela había estudiado la primaria, y lo primero que me llegó fue el profe Jaimito. En verdad creo que ese maestro me marcó, simplemente le mostró a mis ojos un panorama distinto, una forma de pensar y creer mucho más madura. Era el prof. de español, recuerdo muy bien que todos los trabajos debían de ser justficados y con sangría, si no era divertido ver el show pues él comenzaba a comparar los renglones con tu cabello "todo desalineado y disparejo" decía el prof, uuuy y si las hojas no estaban sujetas con una grapa o algo parecido prepárate para recogerlas del suelo pues las revolvía dándote a entender que deben de estar sujetas. Aunque llegaba a ser estricto en ese aspecto creo que me sirvió mucho (vean mi entrada está justificada) pues son pequeños detalles que se te quedan y mejoran tu calidad de persona. Siempre al comenzar la clase ponía una cita y todos juntos reflexionábamos, era algo bien padre; mi salón siempre echaba mucho relajo e interrumpían a profe y pues él se molestaba (con mucha razón la verdad, me pongo a pensar y digo "COMO NOS AGUANTO"). El chiste es que al final del ciclo ya no nos ponía la frase, así que teníamos que chismear a otro salón para ver cual era.
Cada viernes era de lectura y era entonces el viernes de crónicas. Él relataba muchas cosas que sucedían en la escuela, es una escuela pequeña así que no era difícil identificar a sus alumnos. Hablaba de cosas como los partidos que había, acontecimientos graciosos que pasaban durante su clase, era genial. Cuando te mencionaban se sentía padre, decían tu nombre en voz alta y te reconocía de alguna manera agradable. Al principio el profe llevaba miles de copias que él imprimía y tú solo tenías que darle un pesito o más dependiendo de las hojas. Muchos lo cotorreaban diciendo que era su negocio y este negocio se fue a la quiebra por que muchas veces no pagaban y pues como quien dice "no le salía". Pero algo bueno salió de ahí, creo su blog y entonces los jueves teníamos que imprimir las hojas y el que no las llevara, tache. Gracias a eso ahora las puedo leer y recordar buenos momentos como los que decía al comienzo. Ya no he encontrado más, el prof me dijo que las seguiría subiendo pero ya no vi nada. Aquí les paso un fragmento de las crónicas del 19 de junio del 2009 (el día de mi cumple :D) son unos cuentos que están buenos.
CÓSMICO
Cuando las computadoras de la Nasa tradujeron a imágenes los registros de cientos de telescopios y radiosondas instalados en lejanos puntos de nuestra Galaxia, los científicos pudieron ver en sus monitores, en vivo y directo, que el Universo es finito y tiene forma de cucaracha. Las pantallas mostraron, también, que una colosal masa de materia oscura, sospechosamente parecida a un zapato, se aproxima desde el fondo en inevitable rumbo de colisión.
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TODO LOS SUEÑOS DE UN SUEÑO
En la ciudad de Uspayata la vi, yo no la conocía pero había soñado con ella. Cuando nuestros ojos conectaron supe que ella también había soñado conmigo y mi estómago se lleno de mariposas. Caminamos por las calles cubiertas de arboledas en una tarde tórrida. Tomados de la mano llegamos a su casa, lugar en el que jamas había estado pero que había soñado con el, y me pareció todo muy familiar, incluso el perro se llamaba Poncio, tal como yo lo había soñado.
Adentro estaba fresco, nos mirábamos con frecuencia y las sonrisas surgían a cada momento. Nos abrazamos, nos besamos y nuestros corazones latieron juntos, como si marcharan en algún desfile. Esto lo recuerdo con claridad pues ya lo habíamos soñado. Luego nos sentamos en silencio, a beber agua de coco verde, sin saber qué hacer pues en aquel momento ambos habíamos despertado.
DIECISÉIS ENANOS Y MEDIO
En Maracaibo vivían dieciséis enanos y un medio enano. Todos eran hermanos y el medio enano era el hermano de a medio. También hay que decir que ellos eran sus medio hermanos pues solo compartían el padre, claro que lo compartía solo con la mitad pues los otros ocho querían mas a su madre que a su padre, al que no le perdonaban haberla engañado.
Los ocho ignoraban que era un engaño a medias, es decir, su madre también había engañado a su padre, de hecho esos ocho eran hijos de otro enano. Lo que nos deja con el hecho que que los ocho y los ocho son solo medio hermanos.
Si un día descubrieran toda la verdad, se sentirían desilusionados, pero solo a medias, claro.
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HERENCIA
Heredé de tía Ágata sus gatos y su libro de recetas. Los cociné, los comí y lloré por Mi querida tía.
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EL DESTINO
La pitonisa me dijo que mi vida cambiaría de forma radical. Pero no me dijo en qué consistiría ese cambio.
Viendo que el tiempo pasaba y todo seguía igual, me divorcié de mi marido, aunque en realidad lo quería, me mudé de ciudad, aunque mi ciudad me gustaba y me busqué un trabajo totalmente distinto al que tenía, aunque la verdad es que el trabajo me daba mucha satisfacción. Ahora, cuando veo mi vida tan cambiada, echo de menos a mi marido, a mi ciudad y a mi trabajo, pero he llegado a la conclusión de que qué le voy a hacer, si ese era mi destino.
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GÁNSTER
El mosquito vino para picarme, estoy seguro. Primero dió varias vueltas de reconocimiento sobre mi cabeza, relamiéndose y sin quitarle ojo al lustre de mi calva. El lugar ideal para un discreto aterrizaje y una posterior y placentera succión, deduje achinando los ojos. Lo oí zumbar y me quedé quieto, con el pitillo en la boca. Se posó disimulando sobre mi mano derecha -que dejé astutamente como cebo sobre la mesa- y aunque soy diestro, aproveché que la tenía cargada, la saqué con la zurda de la sobaquera y apunté lo mejor que pude.
-Muere, vampiro- dije apretando el gatillo.
El tiro lo reventó, salpicando de tripitas y de sangre la pared. Y entonces, sonriendo, con la Beretta en alto por si volvía otro, fui a quitarme el cigarro de los labios y no pude.
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EL AZAR Y EL DESTINO
I
Estaba pensando en el azar y en el destino cuando el azar quiso que conociera a una mujer y el destino me unió a ella.
II
Convivíamos los cuatro: El destino, el azar, ella y yo. El destino siempre estaba dispuesto a hacer alguna cosa, mientras que el azar se hacía el loco y saltaba por la ventana. Ella y yo contemplábamos estas escenas boquiabiertos.
III
Al final ella se puso de parte del destino y yo del azar: Ella tenía ganas de que hiciéramos algo y yo salté por la ventana.
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LIRU, LIRU
Iba silbandito de vuelta a casa para ver la retransmision del partido cuando me topé, en medio del sendero, con un conejo gordo haciéndose el muerto.
-¡Aparta, mamifero extravagante!- le conminé.
El bicho seguía boca abajo, haciendo el tonto, pasando de todo, orondo como una bola.¿Como una bola? Me miré el borceguí del cuarenta y seis...
Voló ocho, diez, quince metros, hasta estrellarse en el tronco de un arbol.-¡Rayos!, fue el poste...- me dije mientras retomaba mi camino, cojeando un poco, con el pie adolorido pero bastante confiado de que íbamos a ganar.
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FRUSTRACIÓN
No podía matarla. No podía matarla.
No podía matarla. Ya estaba muerta.
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OLVIDO
Salgo a la calle. De inmediato olvido la razón de mi salida. A continuación olvido dónde estaba antes de salir.
Y sé que pronto olvidaré que estoy escribiendo.
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QUÉ LINDA ERA
Ha pasado mucho tiempo, pero ella conserva los mismos ojos negros -quizá incluso más negros-, la misma melena morena y lisa, la misma nariz respingona, idéntica y perfecta dentadura.
Veinte, quizá veintidós años que no la veía, pero la he reconocido de inmediato: Ana Clara Rodríguez Sanz, antiguo amor de instituto. Qué linda era, qué linda es. Mas la ciencia forense no admite sentimentalismos ni identificaciones visuales de antiquísimos amantes. He de extraerle sangre, tomar sus huellas dactilares. Analizar, comparar, colocar una etiqueta en el ulgar de su pie izquierdo y muerto.
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3:30 P.M.
Me dejó allí, desnudo y se fue. No me dijo qué hacer. Malvada cigüeña.
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EL ÁTICO
Mis abuelos estaban hartos de advertirme que no fuera al ático, pero nunca me explicaron el porqué. Como soy de naturaleza curiosa, aproveché que no estaban en casa y me dirigí hacia allí algo asustado. Abrí la puerta y sólo vi lo que todo el mundo espera encontrarse en un ático: muebles antiguos, estanterías llenas de cajas y un baúl repleto de polvo. Éste llamó mi atención, y sin pensar demasiado, lo abrí. Me quedé un poco sorprendido al ver que dentro de él sólo había un libro, uno grande y extraño cuyo título era Personajes. Creyendo que era una obra de gente importante, lo abrí con cuidado y rápidamente y sin que yo pudiese hacer nada por evitarlo, fui absorbido por él, tragado sin masticar.
Ya me he acostumbrado a vivir en un libro, incluso he asimilado mi condición de personaje de ficción. Lo que sigo sin soportar es haberme convertido en el jefe ambicioso de una gran empresa, porque desde que vivo aquí no hago más que gritar, trabajar y llevar corbata.
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PAZ
La Muerte soñó que se moría. Se despertó tan asustada que decidió quedarse en cama todo el día. Los soldados -en cientos de frentes de batalla- aprovecharon la pacífica jornada para aceitar sus fusiles.
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PALOMAS
Desde mi ventana observo cada día los cientos de palomas que se posan en el tejadillo de la estación.
He adquirido la costumbre de insultarlas: me asomo y grito guarras, asquerosas, ratas voladoras, portapiojos, cochinas, hipócritas.
Ellas permanecen impasibles.
Me dirijo a la ventana con la boca hinchada, con ganas de vociferar, con rabia. Al mirar hacia la estación veo posados sobre el tejadillo a Espinete, don Pimpón, la gallina Caponata, Epi, Blas, la rana Gustavo y un falso conde Drácula contando hasta ciento tres.
Por un momento pienso que la absenta y los alucinógenos me están jugando una mala pasada, pero enseguida recuerdo que estamos en carnaval.
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ODIO
Mi odio hacia las gaviotas es profundo y sincero. Es natural, por tanto, que enseñara a volar a mi ejército de gatos; que infundiera en mis tropas el mismo odio asesino, que al fin los mininos dominaran los secretos del vuelo y el gavioticidio.No todo había de ser perfecto: ahora son los gatos quienes se ensucian sobre nuestras cabezas y nos despiertan chillando al alba.
Mi odio hacia los gatos es profundo y sincero.
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LLAMADA
Le telefoneo para decirle que por fin todo acabó, que al fin la he olvidado, que hoy mismo he escrito un cuentito en el que ella muere y su cadáver huele mal.
Pero no puede atender mi llamada; con las prisas por coger el teléfono, resbala en la bañera y muere. Tarde o temprano, su cadáver desprenderá mal olor.
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AMOR FELINO
Comenzó como una demostración de afecto: ese día, al llegar a casa, encontré una lagartija -muerta- sobre el sofá. Mis sospechas de que había sido Azul, mi gata, quien la había llevado hasta allí se confirmaron cuando la descubrí mirándome de esa manera, ya saben, en que miran los gatos cuando esperan la aprobación de su hazaña -de la que se sienten orgullosos- por parte de su amo.
Amor felino. En fin, reprobé a Azul su acto -aun cuando me había conmovido-, recogí el cadáver y lo tiré, sin plegarias de por medio, a la basura.
A la tarde siguiente encontré otro regalito. Un ratoncillo gris, de aquellos que se suelen ver en el metro, yacía en mi salón. Supe que Azul no pretendía sino agradarme, expresar el afecto que me guardaba. A su manera, claro.
Ese día le cayó una buena bronca. Puede que me excediera, al fin y al cabo solo quería quererme. El caso es que se fue. Sin decir nada.
Pasaron unos días, la eché de menos, pegué carteles por el barrio. Me di al alcohol.
Estaba bien borracho cuando encontré el siguiente regalo. Supuse que Azul había regresado.
-Me llamo Patricia -dijo el regalo, que no era sino una joven señorita de negros cabellos y cuello de muérdeme.
-Choan. Encantado.
En la torre, estaba más que sorprendido, pónganse en mi lugar, pero la alegría de pensar que mi gatita había vuelto al hogar y la trompa que llevaba me hacían un poco indiferente a la extraña -y preciosa- naturaleza del presente.
-¿Dónde está Azul? -pregunté, sentándome junto a mi regalo.
-No andará lejos -sonrió enamorando a las paredes, al espejo, a la estantería, a mí mismo.
-¿Qué haces aquí?
-Azul me ha pedido que viniera.
-¿Te lo ha pedido? Pensé que te habría traído agarrada por el cuello.
Borracho sinvergüenza, me acerqué a Patricia con cuidado.
- Así. -Le dí un mordisquito bajo la oreja derecha. Rió, apoyo una mano sobre mi rodilla y dijo:
-Más despacio, muchacho, vas demasiado borracho. ¿Por qué no te bañas mientras preparo la cena?
-Sí, bañarme me vendría bien, ¡cof, cof! -a fuerza de toser, me vinieron arcadas. Vomité en la cocina. En el suelo de la cocina. Tal como acabé de vaciar el estómago, procedí a desmayarme sobre mis vómitos.
Me desperté tarde, limpio, en la cama, acompañado. Patricia estaba acostada a mi lado, mirándome.
-Buenos días -me besó, dulce, en la boca.
Mi cerebro, menos embotado que a la noche, comenzó a funcionar.
-Hola. ¿Patricia? Esto... no sé por qué estás aquí. No sé quién eres. Ni qué quieres.
-Te quiero a ti. -Se levantó y salió del cuarto.
Me levanté, casi de inmediato, y fui tras ella. No la encontré en casa. No le había oído salir, ¿dónde coño estaba?
Un maullido detrás de mí. Azul había regresado.
-Hola preciosa. Te he echado en falta -dije, acariciándola.
Me guiñó, lo juro, un ojo.
-Yo también te quiero, no tienes por qué traerme más regalos.
Zalamera, frotó su lomo en la pernera de mi pijama.
No he vuelto a ver a Patricia. No la echo de menos, tengo a mi gatita.

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